Tesis de Final de Grado de Grado en Bellas Artes
Descubre el talento y la creatividad de nuestros estudiantes a través de sus proyectos destacados.img2obj
por Capri Martínez
Este proyecto parte del interés por el gusto entendido no como una cualidad fija, sino como un proceso en constante construcción a través del cual seleccionamos, interpretamos y damos valor a lo que nos rodea. Más que definir qué es el gusto, se investiga cómo se forma y se transforma a partir de las conexiones, a menudo inconscientes, entre imágenes, materiales y referentes acumulados a lo largo del tiempo. La investigación pone en relación dos maneras de construir significado situadas en contextos aparentemente opuestos: por un lado, los gabinetes de curiosidades, donde la selección y organización de objetos construía un microcosmos personal del mundo; por otro, la experiencia contemporánea marcada por el flujo constante de imágenes digitales y referentes visuales que condicionan la manera en que miramos, seleccionamos y acumulamos. A pesar de sus diferencias, ambos modelos se articulan alrededor de un mismo gesto: seleccionar, relacionar y construir sentido a partir de fragmentos. En este contexto, el proyecto se concibe como un gabinete contemporáneo personal, construido a partir de un archivo visual en constante crecimiento, donde las imágenes se conectan entre sí y generan nuevas asociaciones. Siguiendo la lógica de los gabinetes, que se organizaban alrededor de un universo temático singular, este proyecto se articula alrededor de un único foco material: la piel y el textil, entendidos no solo en su sentido literal y material, sino como concepto abierto y expansivo que conecta la identidad, el cuerpo y la memoria. A través de estos materiales, las asociaciones entre imágenes y referentes toman forma física y se transforman en piezas que emergen del proceso de experimentación más que de una forma preconcebida. El resultado es un conjunto de piezas que visibilizan una metodología habitualmente intuitiva e inconsciente y funcionan como el rastro material de un proceso de construcción del gusto. Finalmente, la documentación fotográfica devuelve estas piezas al mundo digital, cerrando un ciclo abierto en el que las imágenes generan objetos y los objetos se convierten nuevamente en imágenes susceptibles de activar nuevas asociaciones y recorridos visuales.
Ja no anem a dormir amb la lluna
por Irene Masqué
Hace muchos años se decidió que, cuando empieza a hacer un poco de frío, nos alejamos de los ritmos del sol y la luna. Los días pasan rápido porque caminamos más deprisa. Las sillas metálicas de las terrazas ya no queman y se sienten más solas. Las cafeteras trabajan mucho y el café para llevar nos lleva de un sitio a otro; lo celebramos si podemos pedirlo para tomar aquí. Tomo como punto de partida el deseo de encontrar formas de negociar con el tiempo y alejarme de los atajos. Con la dificultad de dejar de hacer, el proyecto no abandona la productividad, pero sí rechaza la eficiencia. Se han realizado cuatro piezas a través de una práctica lenta: una serie de pasos enlazados y secuencias prolongadas; hacer una cosa para poder hacer otra, y a partir de ahí hacer aún más, de modo que nunca se llegue a un final. El proyecto explora el concepto de comodidad, la automatización y los mecanismos que hacen nuestras vidas «más fáciles». Me preocupa dejarlo todo en manos de un sistema cada vez más acelerado y subo a autobuses que me hacen dar vueltas para llegar a un lugar que en realidad no está tan lejos. Me interesa encontrar reglas del juego, cosas cuadriculadas y numéricas para doblarlas y llevarles la contraria; encontrar loopholes y negociar con el tiempo para vincularnos a otros ritmos, como los del sol y la luna.
Yo solo quiero abrir una ventana
por Marina Puig
Parto de la idea que la intimidad es un acto que se construye dentro de casa, pero que, al abrir una ventana, esta experiencia se expande hacia afuera, entendiéndola no solo como un estado de protección personal, sino como una sensación que tiene la facilidad de ser visible en relación con las fronteras físicas de la vivienda. Yo solo quiero abrir una ventana es una investigación fotográfica analógica que busca capturar personas en los balcones, pensando estos espacios como umbrales que limitan el interior y el exterior del edificio de una casa, observando de qué manera la intimidad se traslada de un lado a otro. El trabajo se desarrolla mediante paseos nocturnos por el barrio de la Dreta de l’Eixample de Barcelona con una cámara analógica, durante los cuales fotografío escenas vinculadas a situaciones de intimidad. En este proceso identifico personas que habitan estos espacios abiertos hacia el espacio público, situando la mirada en un punto medio entre lo que es privado y lo que es compartido. El objetivo es encontrarme con los momentos de tensión que se generan con el contacto visual con el otro, trabajando con las limitaciones propias de la fotografía analógica. Utilizo carretes en blanco y negro de alta sensibilidad y de treinta y seis exposiciones. La longitud de cada escena está condicionada por cada exposición que se ha realizado y finaliza en estas interrupciones donde la mirada del otro se relaciona con mi presencia y me lleva a desplazar la atención hacia otra escena, continuando los recorridos hasta agotar el carrete. En este contexto, marcado por el deseo de obtener imágenes que no siempre se dejan captar, me pregunto de qué manera los espacios intermedios funcionan como estructuras que construyen la mirada y hasta qué punto nos dejamos exponer. La pieza final se articula a partir de una selección de treinta y seis fotografías en negativo procedentes de los diferentes carretes y recorridos hechos. Las tiras se disponen de manera secuencial en una instalación de pared, presentadas en estructuras de metacrilato retroiluminadas que refuerzan la idea de las ventanas iluminadas en la oscuridad.
Per tornar a ser arrel
por Nausica Rasero
En un camino de dudas, la higuera me halló. O quizá yo la busqué a ella. Y como una anciana contando el cuento de antes de acostarse, me quiso susurrar. Maestras silenciosas, fuertes, sensibles e inteligentes, fuentes de esperanza e inspiración. Me di cuenta de lo relevante que es y ha sido para la vida y nuestra cultura, de todo lo que nos ha enseñado y todavía nos puede enseñar, y decidí adoptar la actitud de escucharla. Mediante procesos lentos y prácticas propias de la cultura popular como el tejer a mano, los tintes naturales, recetas de trementinaires, la “dansa d’arrel” catalana, el ecofeminismo y la necesidad, como humanos, de desplazarnos del centro, planteo una vía para repensar las formas de comunicación entre especies. Estas tentativas de aproximación conforman una instalación donde el cuerpo y la planta se reencuentran para escuchar lo que la higuera susurra en un paisaje en deterioro y que quizás nos pide habitar la tierra formando parte de su todo. A bailar descalzas para recordar de quién somos hijas: de la naturaleza.